Un fan reprimido de The Beatles

Sí, lo siento, lo confieso, me gustan los Beatles. Los culturetas pensarán que eso mola. Los modernos que eso está desfasado, pero yo no me refiero a la música, sino más bien al concepto del cuarteto de Liverpool. Ahora que Sir Paul McCartney (sí, el que fumaba maría en el Palacio de Buckingham sin invitar a Chabeli II) ha confesado que van a sacar una “canción” inédita, tema mítico para los idólatras de la banda Carnival of Light, en el que durante 14 minutos hacen el soplapollas y que, seguramente, si sale a la luz todo el mundo, empezando por la Rolling Stone, calificará como “maravilla”, “prodigio”, “obra maestra”, etecé, etecé, etecé, salvo los más fashions, que dirán que es una aberración y una mierda (o boñiga o mojón o sorullo). Yo, por mi parte, habiendo escuchado los comentarios de McCartney me decanto que va a ser una obra auténticamente meritoria de estar en todos los Guggenheim del mundo… No te digo “ná” y te lo digo “tó”.

Pero a lo que iba, que a mí de The Beatles lo que me gusta es toda la parafernalia que conllevan. Por ejemplo, inventarse un grupo paralelo y sacar un disco con múltiples personalidades históricas (en la que, por supuesto, estaban ellos por duplicados). Aparte del Sgt. Pepper´s Lonely Hearts Club Band, el grupo tiene el mérito de que prácticamente todos sus álbumes están considerados de “culto”, inclusive el para mí insoportable Revolver… Sobre gustos… O el hecho de que tanto Lennon como McCartney estén en posiciones de cabeza entre los mejores cantantes de la historia, según la Rolling (????).  Por no decir sobre sus comentarios de “somos más famosos que Jesucristo” o el hecho de que Lennon fuera asesinado por un fan que quería pasar a la historia (mejor, con letras minúsculas). Ni que decir tiene que por su culpa Abbey Road es una de las calles del mundo en que más insultos puedes aprender. Y que Ringo todavía seguirá contestando las cartas a sus fans, aunque haya pedido públicamente que le dejen de escribir (me parece que iba por marzo del 68). Con respecto al pobre Harrison, le perdonaremos que escribiera ese puro llamado Within You Without You (no confundir con la fabulosa canción de U2), pues mi primer contacto con ellos fue su Got My Mind Set On You (para una vez que el pobre George logra un número uno en solitario, resulta que es una versión de una canción del año de la castaña)…

Pero, sobre todo, y muy por encima de todas estas nimiedades, a mí lo que realmente me fascina de The Beatles fue el corte de pelo característicos de sus componentes (el de la cabeza, me refiero). Es decir, hay que ser muy grande para ir peinado de esa manera y triunfar, muy pero que muy grandes… Con ese flequillo que ofende a la vista y que volvía locas a las adolescentes (y a sus madres y a algunas de sus abuelas). Fíjate tú si he llegado a ser beatlemaníaco, que llevó ya más de medio año sin pasar por la peluquería. Mi “peinado” es inclusive más horrible que él que ninguno de ellos llegó a soñar. Eso sí, todo el posible éxito de ese look lo fundieron ellos: aunque el gorila se vista de seda…

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