Hormigas en Nueva York: Cap. 18. La muerte del Arte o el Museo Mojón

representación de los mojones colganderos a la entrada del Guggenheim de Nueva York

Yo también soy "artista": representación de los mojones colganderos a la entrada del Guggenheim de Nueva York

Cuando Pablo Picasso falleció en 1973, no se lloró suficientemente su pérdida. De hecho, yo he tenido que volver a derramar lágrimas tras la visita al Guggenheim de Nueva York.

Lo único que tiene de arte ese museo es el edificio en sí. El contenido era para echarse a gemir, sobre todo cuando entras y descubres que la sala permanente (donde teóricamente tienen que estar las obras de Picasso, Manet o Cézanne) está cerrada.

O sea que te has de conformar con ver el resto de «realizaciones», entre las que sobresalen unas especies de mojones de plata con forma de espiral que están colgados del techo. Asimismo, se suceden las formas fálicas, las performances y todos los sucedáneos de gente que ha intentado imitar a Picasso sin ningún éxito.

No me sentía tan decepcionado de mi paso por un museo desde que fui a uno en Bilbao. ¡Ah, era otro Guggenheim! ¡Qué casualidad!

Miles de metros cuadrados rellenos con cuadros cuyo principal mérito radica en un tamaño descomunal, en los elementos utilizados en su arte final (la orina no está descartada) y, en el mejor de los casos, cuadros con un solo color y una raya próxima a un extremo, normalmente paralela a uno de los lados del marco.

Yo mismo pensé que estaba exagerando, pero tras ir al Metropolitano, me di cuenta de que era más grave de lo que pensaba: la sección de arte contemporáneo era, con diferencia, lo más vacuo del museo (y eso que había secciones de artes decorativas, ¡uuuufff!).

El «arte contemporáneo» es como los reality show. Sólo buscan la polémica, el comentario oportuno… Estrellas fugaces que desaparecen rápidamente dejando en el firmamento a las que siempre han estado.

Puede que el Arte tocara techo con Picasso, Dalí o, entre otros, Monet, y que lo único que quede sea retornar a las formas clásicas o buscar nuevos medios de expresión artísticas más acordes al siglo XXI, como la pintura digital.

Para poner un mojón colgando de lo alto de un techo, o pintar una raya con mierda en un momento de inspiración pseudodrogadicta no hay que ser ni un gran artista ni un genio, sino un ególatra que sepa venderse a sí mismo y convenza a Guggenheim de que eso es una obra de arte original e innovadora; aunque muchos siempre vayamos a pensar que eso, realmente, sólo es una mierda.

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2 comentarios to “Hormigas en Nueva York: Cap. 18. La muerte del Arte o el Museo Mojón”

  1. Depaso Says:

    Supongo que también sabes de aquella “obra” en Colombia donde se deja morir a un perro. No lo enlazo porque en ocasiones estas noticias también son falsas (sobre todo cuado piden emails de apoyo para la causa) y temo caer en el juego. En fin, calquier ángulo de la nota apesta.

  2. msantaella Says:

    @depaso En España, en un pueblo tiran a una cabra de lo alto de una torre (pero se supone que entre los vecinos la cogen con una especie de sábana) y en otro, matan a palos me parece que era a un toro indefenso… Y todos se amparan en la tradición y el folklore (con ese argumento todavía me veo a alguien pidiendo la restauración de la inquisición). Es lo que tiene el “artistismo”… http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Agencia/Proteccion/Datos/multa/SGAE/grabar/boda/consentimiento/elpepusoc/20081207elpepusoc_1/Tes (muestra de asociación de “artistas” trápalas)

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