La “tarjetada” o porqué no debes responder nunca a la llamada de un comercial

He de reconocer que mi paso por el telemárketing me ha dejado ciertas secuelas psicológicas. No es que me haya dejado tarado, que eso cualquiera puede decir que yo ya tenía lo mío, sino que me refiero a mi incapacidad para cortar a una persona que me llama por teléfono para venderme cualquier cosa. Al ser el titular de la línea de teléfono, como algún cabroncete ha ido repartiendo los datos a diestro y siniestro, cada dos por tres están preguntando por el señor Msantaella… Al principio, gilipollas de mí, agarraba el teléfono como si no tuviera nada mejor que hacer y aguantaba la “paliza” que me daba mi compadre que si televisión, que si tarjeta de crédito, que si Internet, blablablabla…

Al no tener el terminal identificador de llamadas (sí, lo sé, pero es que yo vivo todavía en 1987), yo opté por no atender nuncar al fijo, puesto que no se lo facilito a nadie. De esta manera, sé que sólo pueden preguntar por mí algún pelma tratando de venderme algo absolutamente imprescindible para mi vida. El resto de mi familia, por su parte, ha desarrollado el sutil arte de colgar el teléfono y dejar al vendedor con la palabra en la boca.

Así viene sucediendo desde hace ya varios años… hasta el día de hoy. El “tretismo ilustrado” me ha pillado absolutamente por sorpresa. Una señorita le llevaba varios días dando la tabarra a mi madre, de que necesitaban hablar conmigo del banco X, que ha pasado tal y que es muy urgente. Mi señora madre me lo comunica y a mí directamente me sale por el mismo oído por el que me ha entrado.

Pero esta tarde abro me encuentro dos cartas del banco X. ¡Atiende! No tenía la mosca, tenía el moscardón detras de la oreja (de las mismas por las que estaba ignorando a mi santa madre). Abro una carta y, para mi sorpresa, veo una tarjeta para que la active, lo cual me intriga pues la actual le queda una vigencia de año y pico. En la segunda llega el susto, la misiva está firmada por un pavo de cuyo nombre no quiere acordarme que me advierte que se ha detectado un posible movimiento fraudulento y que, por mi bien, han bloqueado la tarjeta y que ellos, que son unos tíos hipermajos, me han mandado una nueva para que la dé de alta.

Me acojono, lógicamente… y empiezo a mirar a ver si hay un movimiento extraño en la cuenta de la tarjeta. Claro, con esto del viaje a la Gran Manzana igual alguien que me vio la cara de primo, se quiere tomar las confianzas que no se toma conmigo ni mi hermano. No detecto nada extraño. Así que, para quedarme tranquilo, llamo al teléfono que me indican en la carta.

El teléfono está hecho por y para anormales. Después de pedirte una serie de datos que servirían para declarar ante un juez por un delito de asesinato múltiple, te preguntan un código telefónico (?): o sea, no basta con que te sepas el pin del móvil, el del cajero, el de las contraseñas de correos electrónicos, el de PayPal, el de RapidShare, etecé, etecé… Ni puta idea de dónde puede estar ese número, ni siquiera si lo tengo activo. Así que insisto hasta que consigo ponerme en contacto con un operador.

El señor parece diligente y me hace una serie de cuestiones como si realmente le importara un pimiento el posible fraude que estén cometiendo con mi tarjeta. Hace un poco el paripé, me va sacando el resto de datos personales (para mi desgracia, facilito el móvil, ¡noooooooooooooooooooooo!) y me sugiere que el “problema” puede ser que haya realizado alguna compra en Internet. A mí no me suena para nada, pues esa tarjeta la dejé de utilizar tras volver de la Gran Manzana.

Mi compadre, compañero de fatigas de telemárketing, de vez en cuando, me pone música (por cierto, bastante mejor que la del Digital Plus) y vuelve una vez que me ha hecho esperar un poco más. Me indica que a él “tampoco” le aparecen movimiento extraños.

“Ya está”, pienso. “Me la han metido ‘doblá’ como los del Mercamona”. Esto me huele a campaña de márketing en plan a lo cara perro. Ya no se basan en promociones exclusivas para todo el mundo, no: esta vez se trata de duplicar una tarjeta y enviarte una carta con una advertencia. “No, no puede ser; estoy malpensando de más”, me sugiero a mí mismo.

Sigo la conversación con mi colega, tratando de alejar pensamientos y premoniciones infaustas. Entonces, me creo que mi “amigo y salvador” me va a despedir y… ¡Surprise, surprise! Me engancha el prenda-lerenda y me comenta, soltando una retahíla que se nota aprendida de memoria de un manual de telemárketing, que si no quiero tener un seguro para la tarjeta que por X euros al mes o al año o no sé cuándo coño, me servirá para proteger mis compras (esas que estaban “protegiendo” con el bloqueo de la tarjeta), para cubrirme en caso de que me quede en desempleo (mi compañero me insiste varias veces en que la “cosa está muy mala”) y, “dios no lo quiera”, en caso de fallecimiento. Mucho dios no lo quiera, pero el hijoputa me lo apunta dos veces consecutivas. Será cabrón el tío… ¿Para qué coño quiero un seguro en caso de óbito?, ¿es qué me van a devolver a la vida?, ¿o me van a dar dos vidas de créditos en plan maquinita de los cinco duros (“game over: insert coin“)? Joder, si me quiero deprimir, me pongo a ver una película española (que o te bajan la moral de malas o son tristes de cojones), no necesito que me jorobe un tío que sólo me iba a activar una tarjeta, coño.

Y lo peor es que he dado el móvil… Eso sí que va a ser una auténtica pesadilla. ¿Alguien sabe como poner un antispam para el móvil?, ¿o cómo poner de tono un eructo para las llamadas no deseadas? En fin, tendré que desarrollar el arte de mis hermanos (colgar, rechazar, colgar, rechazar, colgar, rechazar… ¡No parece tan difícil!).

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2 comentarios to “La “tarjetada” o porqué no debes responder nunca a la llamada de un comercial”

  1. Depaso Says:

    A mí la gracia me la hizo mi hermano, dando mi móvil Yo me divertía montones (cuando me resigné a que iban a seguir llamando) cuando les decía…permítame un momento por favor… y así, yo seguía en mis menesteres… el más estoico aguantó 30 minutos…satisfacción extra porque además a ellos SI les cuesta la llamada si molestan a móvil… La venganza fué poner los datos de mi hermano en una página de citas a ciegas….con la foto de un irresistible latino 😛

  2. msantaella Says:

    @Depaso Jajajaja. Iba a decir que tu hermano era un poco cabrón, pero tu venganza supera, con mucho, la trastada de tu hermano. ¡Menudo peligro!

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