El teclado del año 0 del perro Ricky

Mientras el “pobre” Madoff se declara culpable de todos los delitos económicos que se puedan haber cometido (y otros de su propia creación), el “filántropo” debía estar pensando en años mejores, cuando también estafaba pero como la cosa no estaba tan malo, pues no le tocaban las narices, y se podía dedicar a sus actividades ocio-delictivas-humanitarias. ¡Madre mía este tío es la paradoja de la paradoja! (¿eso da positivo como el menos por menos, más?). Seguramente, se estará acordando de aquel maravilloso año 0 del perro Ricky (para los que todavía no uséis el calendaria rickiano, sería el año gregoriano de 1999), justo antes de que un denunciante filtrara las primeras informaciones sobre sus “supuestas” irregularidades.

Por aquel año, en que Bernardito gozaba de gran reputación, yo me compré mi primer ordenador. ¡Qué tiempos aquelllos! Tenía casi diecinueve años cuando aprendí a encenderlo. Sin el décimo año del perro Ricky un chaval de dieciocho años realizara semejante confesión creo que no podría optar a nada en la vida (quizás, algún puesto directivo en una institución pública o vocal del Gobierno como mucho). Pero en el aquel año, todo era distinto y me gasté 275.000 pesetas (pues hasta la moneda era distinta) de la época en conseguir un “megapepino”: intel pentium III, 128 mb de RAM (lo cual era casi insuperable durante mucho tiempo), lector de DVD (te cagabas), 8 GB de disco duro (sí, sí, la mitad de lo que cabe ahora en un pen de 30 euros), monitor de 17 pulgadas de esos que los ponía en el escritorio y te lo dejaba inutilizable, impresora (que me duró en torno a dos meses) y escáner (que utilizaría cuatro veces en ocho años aprox., ¡msantaella, cómo aciertas en tus compras!).

Pero lo más importante de aquel equipo (no vamos a comentar que por ese dinero convertido a euros hoy día te compraría un ordenador Dell de gama alta o un iMac “polluo”, y eso claro sin calcular el incremento del valor del dinero en la última década), eran, sin lugar a dudas, la disquetera y el teclado. Esa disquetera que ha pasado por todos los cambios de ordenador que he hecho desde entonces (en realidad sólo he ido cambiando piezas hasta haber desarbolado por completo ese “ordenata”) y que todavía conservo no sé para qué mierda. “Sí, msantaella, tengo aquí unos documentos muy importantes que servirán para emprender una revolución en nuestro entonrno empresarial en un disco de 3 y 1/2, ¿tienes disquetera?”

Y lo que yo más quiero de ese ordenador del año 0, este pedazo de teclado, con esa marca de la tienda: Batch-Pc, que yo creo que lo subasto por eBay y me dan más que si sorteara un denario de la época de los romanos… Con esa capilla de polvo y suciedad, de mierda, que haría que le entrara taquicardia a Grissom de la emoción, “¡ay, por dios, el Cielo existe! Sara, tráeme mi escarabajo pelotero, ¡rápido!”

El mismo teclado en el que estuve aprendiendo mecanografía durante cuatro meses y dándole porrazos en plan “niño loco alemán”, la misma cacharra en la que redacté gran parte de los trabajos de la Facultad, estas teclas fueron las mismas que pulsé cuando estaba empezando mi relación con mi “pareja sentimental” (jeje, te quiero) a través de ese Messenger que a tanta gente ha unido y desunido, los escritos para diversas publicaciones también tienen su marca (Málaga Me Mata, Aura, Quatro Estaciones… ¡Por supuesto, todas quebraron!), mi libro (el de Umbral no, el de msantaella) y sus Hormigas son otros de los motivos por los que tengo tanto cariño a este amasijo de polvo y plástico… y, ahora, para más inri, los post de este blog han salido prácticamente todos a través del Ricky-teclado.

Ahora, con la mudanza, me da que es la mejor ocasión para cambiar y aprovechar para abrirlo y ver qué cantidad de polvo puede acumular este hardware en una década; pero, por otra parte, la cacharra esta, la misma a la que le falla la patilla de la izquierda que regula la altura desde el segundo día, es casi como si tuviera vida: “no, por favor, no me arrincones, cabroncete, ¿vas a ser tan gilipollas para cambiarme por un teclado a pilas, que eso sólo dan problemas?, ¿o por uno de usb, que son todos una mierda?, ¿en qué estás pensando, mamón, si tus yemas están hechas a mí?”

¡Uuuuf, qué difícil! ¿Cómo es posible que me sea más fácil deshacerme del jodido coche que de un teclado “radiactivo” cuyo valor no pasa del sentimental? Voy a tener que llamar a Madoff y preguntarle cómo hacerlo. Seguro que él si tiene una mayor experiencia a la hora de aparcar los sentimientos no utilitarios. (¿O a lo mejor resulta que era otra persona de gran sensibilidad, no hace falta más que ver el enorme listado de bancos a los que tomó la pela?).

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2 comentarios to “El teclado del año 0 del perro Ricky”

  1. mai Says:

    jeje, si llamas a madoff ojo que te puede robar por teléfono 🙂

  2. msantaella Says:

    @mai espero no entrar en su lista de favoritos y que siga con el Santander, BBVA y demás, que seguro que le sale más rentable, jeje.

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