Al final, Lisboa

Sí; no; sí; bueno, no; quizás… Con más dudas que Zapatero, nos plantamos casi en Semana Santa pero sin plan alguno. Recurso de última hora: Marruecos o Portugal. Tras dos años y medio de ausencia, echo un vistazo a ver cómo nos saldría un par de noches en la capital lusa, y ¡atiende! el hotel más barato que me sale (60 euros la ncohe una habitación doble) es uno de cinco estrellas (?).

Total, las dudas se disipan de golpe, como la claridad en Zapatero cuando le preguntan por la reforma del IRPF, y acabamos reservando un hotel que si lo hubiéramos buscado a propósito no lo habríamos conseguido (es cierto, creo que cada mes o así me da por ver cuánto nos costaría una escapadita a Lisboa). Aunque yo tengo el miedo de que esa tarifa sea simplemente por entrar y en cuanto crucemos la puerta nos pongan un taxímetro y nos cobren por segundos (la primera hora completa).

Y ahora es cuando me surgen las dudas: ¿cómo coño se comporta alguien en un hotel de cinco estrellas? Estoy más perdido que cuando Zapatero se encontró con Obama… “Y ahora qué coño hago: le doy la mano, un toquecito en la espalda, un abrazo en plan colega…” Yo, lo mismo, no sé si tengo que intentar pasar desapercibido o ir en plan estrella del rock y tirar un televisor por la ventana, para que te traten con “respeto”.

Creo que lo mejor es improvisar, como Zapatero: si al final vas a acabar “cagándola” por lo menos que sea de la manera más natural posible.

Plaza del Comercio

La Plaza del Comercio, el centro de la capital lisboeta

Espero que en esta ocasión, tenga la oportunidad de entrar al Museo de la Marina, de una puñetera vez. Tampoco me desagradaría (aunque sí a mi bolsillo) pasarno por el Luso a escuchar fado… Lo que sí parece seguro es que, por un lado, utilizaremos a la señorita Sagres para ahogar penas y alejarnos del “mundanal ruido”, que diría Fray Luis (las cosas que tiene la cárcel), y, por otro, que ya no seremos tan pardillos para “picar” en la clásica artimaña de la restauración lisboeta: te ponen una serie de aperitivos, que te crees cortesía de la casa, y después al echar un vistazo a la cuenta, adivinas que te la acaban de meter doblada (como con los 400 euros de Zapatero).

Dos de las principales damas de Lisboa

Dos de las principales damas de Lisboa

Desconexión, desconexión… Se trata de desintoxicarse de los días que estamos viviendo (la intoxicación por cerveza forma, paradójicamente, parte del tratamiento. ¡Véngase,  señor Zapatero, que le veo que también necesita unas vacaciones para cambiar de perspectiva!

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3 comentarios to “Al final, Lisboa”

  1. mai Says:

    Qué chollazo! Pasadlo bien!
    Lo de sacarte aperitivos y luego cobrártelos no es exclusivo de Lisboa…

    PD. Como ZP lea tu post se va a deprimir

  2. aprendizdesoñador Says:

    tu capullis. dale un respiro a zp. lisbon mola taco.

  3. msantaella Says:

    @mai en todos lados cuecen habas.
    P.D. Yo creo que no, que a Zapatero le encanta Lisboa, jeje.

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