Historietas lisboetas 1: El medio ciego del Metro de Lisboa

Estamos en la parte trasera de uno de los vagones de la línea azul del Metro de Lisboa. Nos dirigimos a la estación de Baixa-Chiado. Son casi las ocho de la tarde y yo me mantengo en pie con la mirada perdida. Hemos quedado en A Brasileira, uno de los bares más famosos de la capital lusa, por, entre otras cosas, haber sido uno de los lugares predilectos del poeta Fernando Pessoa.

En eso que oigo a mis cuñados IC y AG una exclamación: “¡¡No puede ser!!”. Esta expresión va seguida de una interrogación retórica: “¿Otra vez?”. Yo regreso al mundo real y empiezo a buscar por todos lados, sin saber muy bien a qué se refieren. Por más que ojeo sigo sin detectar nada, pero en esto que mi “agudo” oído, homologado por Canal Satélite Digital y Vía Digital, escucha un ruidito de fondo in crescendo. “Papuraaaapapapa-papurruapapapurruapapapapaá-papuraaaapapapa-papurruapapapapá-bru-bru…” (Bueno, hay que echarle un poquillo de imaginación a la cosa y ponerle música o un ruido insoportable, lo que prefiráis, al escrito).

Ahí está. Y no es la Puerta de Alcalá. Sí, sí, es el mismo tipo de ayer. 1,70 de altura. Muy delgado. Pantalones vaqueros azules y raídos, que le quedan bastante sueltos. Parte superior azul de chándal (llena de pelotillas, acorde a mi cuñada, yo no me fijé tanto). Pelo corto, moreno. Perilla de cuatro pelos. Rostro enjuto. Y un ojo a la virulé, dejando a la vista todo el blanco del globo ocular y, si observabas con cuidado, un fragmento de pupila. ¡Ah!, se me olvidaba lo más importante (aunque no fuera lo más llamativo): ¡una cara de mala hostia absolutamente brutal!

Por supuesto, hoy también va con sus “instrumentos”. El fragmento de una escoba roja, que le sirve de bastón percursor; una hucha abollada (supongo que por temas de percusión) que tiene como imagen billetes de 50 euros colgada del cuello,  y no sé bien si era un clavo grande o una especie de escalpelo oxidado y enmohecido (con un color verduzco que hacía que se te erizaran los vellos). Con esos tres instrumentos va haciendo la secuencia rítmica: el bastón le sirve, además, de varita mágica, pues el colega es poco menos que Moisés: este en vez de hacer que se abra el río, consigue que la marea humana metril le vaya cediendo el paso al solo sonido de su bastón. Igualmente, con el clavo (o lo que fuese) va haciendo “su música” a la cual va acompañando con balbuceos guturales, que te hacen desear que te venga a visitar Hannibal Lecter.

Ni que decir tiene que, a todo esto, hay que sumar que va haciendo el silencio por donde pasa y nadie prácticamente se atreve a mirarle hasta que ya está lejos. Nosotros, que lo vemos por segundo día consecutivo, sí lo hacemos, pero creo que sólo por una mezcla de miedo y curiosidad, como si estuvieras desafiando a una fiera (¡ay, que me muerde!). Aparte, nos estamos preguntando si volverá a repetir la escena del día anterior.

Se aproxima a nosotros, con su ritmo “Papuraaaapapapa-papurruapapapurruapapapapaá-papuraaaapapapa-papurruapapapapá-bru-bru…” y se detiene frente a la puerta del vagón. ¡Ahora es su momento!

Cesa la música… Y el colega empieza a soltar una retahíla de insultos descomunal. El portugués no es que sea muy comprensible para la mayor parte de los que hispanohablantes, pero ¡joder! el idioma de los insultos es universal y cuando alguien está soltando “lindezas” que comienzan por “hijoputa” y que vete tú a saber dónde acaban, pues, claro, cómo que “canta un poco”, como este colega, y te coscas…

Este tío, estoy convencido, de que tiene que ser tan conocido en Lisboa como el Mocito Feliz lo es en Málaga. Si bien “el medio ciego del Metro de Lisboa” no sólo no te pide el dinero, sino que incluso temes que si le das algo se pueda ofender: “hijo de puta, ¿cómo te atreves a darme un billete de cinco euros?, ¿eres ciego o qué?, ¿no ves mi hucha con el dibujo del billete de 50?”. Por no decir si te atreves a ratearle y darle una moneda de un euro o de dos, creo que para eso es para lo que lleva en realidad el bastón, para poder arrearte si te atreves a semejante cabronada. (El clavo oxidado, creo que sólo lo emplea para los que le dejan monedillas de centimillos).

En fin, tras intimar con mi nuevo amigo, el colegón sale del vagón para repetir la escena en el siguiente vagón de la misma línea. Nosotros, mientras tanto, nosotros seguimos avanzando para adentrarnos en el corazón de Lisboa, a la caza de las Musas de Pessoa, pero ya no nos podemos quitar la musiquita de la cabeza: “Papuraaaapapapa-papurruapapapurruapapapapaá-papuraaaapapapa-papurruapapapapá-bru-bru…” ¡Jodido “medio ciego del Metro de Lisboa”! ¡Me ha borrado toda la música que tenía en la cabeza y sólo me ha dejado el hueco de un estribillo absurdo que no soy capaz de reproducir!

¡Uuuuf! Por suerte, en la capital lusa, un clavo quita a otro clavo. Así que sólo tenemos que esperar a que otra impresión venga a reemplazar a ésta. “Chocolate del bueno… ¿Farlopa?”, ofrece un hombre adentrado en años enchaquetado.  Bieeeeeeeén, ya sabía yo que la cosa siempre podía mejorar…

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7 comentarios to “Historietas lisboetas 1: El medio ciego del Metro de Lisboa”

  1. lunadegipto Says:

    AVISAME CUANDO VAYAS A VENIR POR CADIZ PARA BUSCARTE A ALGUIEN DE LAS MISMAS CARACTERÍSTICAS Y QUE TE DE LA BIENVENIDA. ESO SI, LA MUSICA LA PODRÁS ELEGIR TÚ ENTRE CAMELA, LO ÚLTIMO DE LEONARDO DANTES, Y APURANDO MUCHO MUCHO ALGO DE TAKE THAT. PODRIAMOS INTENTAR QUE CANTARA ALGO DE U2 PERO CON LA LATA Y EL CLAVO NO SE SI TE GUSTARÁ, PERO POR UN MODICO PRECIO PODEMOS BUSCARLE ALGUN TAMBORCILLO DE FERIA. JEJEJEJE

  2. aprendizdesoñador Says:

    Paparrupáparrupaparrupapáruupaparruppá- brubru…… Esta canción tiene que ser en Lisboa como el no cambie de Tamara o el ponte el cinturón de aquella que no recuerdo su nombre. Un exito de masas al estilo friki.

  3. depaso Says:

    Portugal….y no subes fotos??? Anda..sé generoso con quienes no salimos de casa

  4. msantaella Says:

    @lunadegipto no creo que sea posible que haya dos tíos tan carismáticos dentro de la Península Ibérica… jeje

  5. msantaella Says:

    @aprendizdesoñador yo me hubiera ofrecido a hacerle de mecenas si no me hubiera mirado con tan mala cara…

  6. msantaella Says:

    @depaso seré más rápido para ello que con el mini-yo ;P

  7. Karibe Says:

    Acabo de regresar de Lisboa y yo también lo he sufrido, pero en mi caso no le escuché los improperios. Eso si, la musica todavía la tengo incrustada en la cabeza. Yo me descojoné con el tío cuando lo vi pegar una carrera de 25 metros para entrar al vagón y sin chocar con nadie. El viejo también me ofreció chocolate en plena calle Augusta a las 12 de la mañana llena de gente.

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