Hospital Civil (y IV)

(…) No es para menos, a base de hostias, ha aprendido que la vida es dura y que tiene que saber afrontarla, que él, por ser quién es, ya parte con desventaja y que si no se defiende, será una vergüenza. Las tortas que ha recibido de su padre no han reducido en nada la devoción que siente hacia él. Es un hombre recto y honrado, que cuando ha hecho algo brusco ha sido porque la situación así lo exigía. Es un modelo, una referencia. De mayor, tengo que ser como él o, como el abuelo, que en los momentos más difíciles es cuando hay que dar la talla y mi abuelo sí que le echó huevos a la cosa.

Tras haberle hecho esperar lo suficiente, el super-enfermero vuelve y, ya con formas más suaves, una vez exhibido en público su poderío, le indica a Johnny que eso ya no vale y que tiene que ir a hacerse una revisión para que le ajuste el medicamento, que es por su bien, que a él (super-enfermero) le da igual. Johnny asiente en silencio y sale con paso firme. Adiós, Johnny, ha sido un placer conocerte.

La siguiente persona que se pone en manos del super-enfermero es la muchacha que me precedía en la cola. Los modales del súper se han transformado. Ahora se muestra atento y con esa amabilidad que solemos exhibir los hombres con las mujeres a las que nos querríamos llevar a la cama. Mientras la joven (Isabel era su nombre) le cuenta que lleva seis años sin ponerse anillos porque le provocan reacción, el súper, que a fin de cuentas es muy humano, parece estar dejándose llevar por la lascivia. Tengo la impresión de que no se ha enterado de nada de lo que le ha comentado Isabel, pues el súper no parece que sea capaz de follar mentalmente a la vez que atiende a una persona.

Isabel, educadamente, da las gracias al enfermero y se sienta en la última fila para esperar la media hora de rigor como las niñas buenas. Ahora me toca a mí encararme con mi amigo. Me limito a responder a las pocas preguntas que me hace. En la única cuestión en la que he tenido que responder más de una frase, ha estado ignorándome desde momento en el que pronuncié la quinta palabra. Su naturaleza pragmática le impide al súper centrar la atención en cuestiones sin importancia y está claro que yo no soy de su interés: ni le ofrezco la posibilidad de mostrar su poder ante el público expectante ni soy de su tipo para tener relaciones sexuales mentales.

Mientras me pone la inyección, esta vez me toca en el brazo izquierdo (en cada dosis tienes que ir alternando el brazo), me fijo, por enésima vez, en los cuadros de una de las paredes. Son dos fotografías de la naturaleza. En uno, podemos observar una serranía completamente arbolada. En el otro, vemos un túnel en una montaña que está cubierta por un verdor natural. No se ve ninguna carretera, simplemente el hueco que atraviesa ese fragmento de la prominencia, como si hubiese sido hecho directamente por la erosión.

Al terminar, guardo la caja en la que llevo las dosis (como buen “yonqui”, tengo que aportar mis drogas), digo gracias de forma automática y firmo la “excepción de responsabilidades” para poder escaquearme sin tener que aguantar media hora frente a mi amigo. Al salir, me despido de Isabel que, atentamente y con una sonrisa, me dice “hasta luego”, aunque no la vuelva a ver nunca más.

Me marcho del Hospital pensando en el “enfrentamiento” del que he sido testigo. Justo en la puerta de la entrada, en el primer escalón hay un hombre que va con dos muletas. Es negro y está parado sujeto, con esfuerzo, a la barandilla. Todavía le faltan tres escalones más para alcanzar la puerta principal. No pide ayuda y parece que está descansando. Ambas cosas me sirven como excusa, tras vacilar una décima de segundo, para alejarme con la “conciencia tranquila”. Una madre y su hija también se han percatado de la situación, han hecho un amago, pero al final no han tenido la valentía suficiente para ofrecerle ayuda al señor. Me voy pensando que Johnny sí lo habría hecho. Son las 10:12.

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4 comentarios to “Hospital Civil (y IV)”

  1. Punchis Says:

    Muy bueno!
    Pd. ya te vale no ayudarle al pobre hombre…

  2. Punchis Says:

    Me ha gustado sobre todo el final, la penúltima frase.

  3. lunadegipto Says:

    Ya te vale chaval, aunque seguramente casi ninguno de nosotros le hubieramos ayudado. Lo que sí me he quedado con la duda si el super-enfermero estaba pensando en I. o estaba pensando en M.S.

    Que pena que no podamos leer las mentes, con lo que uno aprendería.

  4. msantaella Says:

    @Punchis
    @lunadegipto
    Esto es un ejercicio de libre interpretación, nuevamente. Que cada cual se ponga en situación y vea de que manera reaccionaría en función de sus condicionantes personales…

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