A la caza de la madurita

Paseíto por aquí. Vueltecita por allá. Jajajaja. Jijijiji. Comidita incluida (en el buen sentido de la palabra, aunque el almuerzo pueda ser una bazofia). Comadreo madre. Alguna vieja cachonda, dispuesta a contar chistes verdes con los que alegrar el día a las demás mujeres presentes.

Y no me estoy refiriendo a una despedida de soltera, aunque tenga mucho de ello. Estoy hablando de las charlas-comidas-ventas a las que veo aficionarse a las mujeres de mi familia. El caso es que por un precio módico las “invitan” a un viajecito, lo que les permitirá liberarse de los lazos conyugales por unas horas. Se reúnen con su camarilla y pasan un buen rato. Lo único que tienes que aguantar es una charla de un comercial-caradura, que les martilleará el cerebelo intentando venderles un producto novedoso-mágico-tope-guay-imprescindibles-que-te-dará-la-felicidad-que-no-te-ha-dado-tu-marido-ex. Por ejemplo: putos cochones de mierda o juegos de ollas/sartenes de los ovarios.

Los megaproductos, además, son un auténtico chollo, es decir, más caros que El Corte Inglés y con la garantía de un bazar chino (eso sí, con un poquito de menos de calidad que los productos en cadena que puedes conseguir en cualquiera de los supermercados que vemos crecer como hongos por todas las barriadas por las que voy pasando).

Y en eso, que las pobres mujeres se encuentran indefensas ante tales charlatanes/as. Ellos/as lo saben. La mayoría de ellas serán señoras bastante maduras, criadas en un catolicismo rancio, machista, que les ha hecho estar siempre pendientes de lo que diga el-marido-como-dios-manda. Y en eso, que ahora, a la vejez viruelas, han encontrado una libertad que la educación de los hijos/as no les ha permitido y el la pareja marital, todavía menos. Y en eso que por fin son capaces de mandar a su esposo a freír esparragos, o no, e irse con amigas y/o familiares por ahí. A salir. A dar una vuelta. A hacer cosas que nunca han hecho. Y en eso que se encuentran frente a ases del engaño, que detectan a las más volubles del grupo, las más indecisas, las que no saben decir que no…

Y ahí están ellas, maltratadas por una sociedad-capitalista-católica-machista-patriarcal, creyéndose libres por unos instantes. Y volviendo a ser víctimas de la versión 2.0 del mismo sistema que las ha tenido puteadas durante toda su vida. Ahora, las formas cambian. Las maneras son más delicadas. Pero el fondo siempre es el mismo: apelar a su conciencia, buscar una forma de culpabilidad, hacer que se sientan dependientes… ¡Tu felicidad, tu seguridad, dependen de mí!

Al final, educación, costumbres y manías se convierten en el lastre que nos condicionarán durante toda nuestra puñetera vida… Fortaleza y debilidad. Por los siglos de los siglos.

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Una respuesta to “A la caza de la madurita”

  1. aprendizdesoñador Says:

    Se aprovechan de ellas. Hay muchas que si les va el rollo y les encanta comprar, sea lo que sea. Pero hay otras que van a pasar un rato y se vienen con la afirmación de que se la han metido doblada y con la cartilla de ahorros sufriendo por la estafa.

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