La mariconera

El complejo de Lucky Luke se hacía cada más fuerte. Esa sensación de vaquero sacado de contexto empezaba a inquietarme. Y es que no era para menos: la cartera, las llaves de la casa, las llaves del coche, el monedero, los pañuelos de papel (alegría de los alérgicos), el bolígrafo, etecé, etecé, etecé. Resultado: dos kilogramos aprox. distribuidos por los bolsillos de los pantalones.

Efecto secundario: los vaqueros casi me llegan a la altura de las rodillas, pues resulta que Newton y su teoría de la gravedad van a ser ciertas. Así que no te queda otra que comprarte un cinturón, no como elemento decorativo y/o moderno, sino como producto fundamental de tu indumentaria para sostener los pantalones a la altura correspondiente, que una cosa es ser el Cachuli y otra el pingüino.

La solución pasaba por adquirir, por fin, un bolso de hombres, comunmente conocido como “mariconera”.

Hacía unos años, la mariconera no gozaba de un excesivo respeto. Era demasiado de mujer llevar un bolso con tus cosas. Si a ese añadimos una cultura del macho ibérico más desarrollada, había que tener un par para adquirir semejante complemento.

El proceso de metrosexualización de la sociedad no sólo cambió las tornos, sino que incluso, pasó de ser un instrumento denostado a transformarse en un elemento cool. Para llegar a la cúspide de tío guay, era imprescindible contar con tu mariconera. Si llevaba algún mensaje, entonces te podías llegar a convertir en la rehostia de tío.

Como yo tenía asumido que lo de perita no iba conmigo. Yo la adquirí por motivos eminentemente prácticos. O sea, traducido al universo msantaelliano tenía que ser lo más sosa posible. Un color marrón parduzco o verde marróneo sería ideal de la muerta.

¡Andaaaa! ¡Qué bien! ¡Qué comodidad! Liberado de prejuicios. Cogí mi mariconera y empecé a echar todo lo habido y por haber. De repente, los bolsillos se vaciaron y podía andar hasta con más soltura. ¡Fíjate!

Cuatro meses más tardes, no sé cómo coño lo he vuelto a hacer, la mariconera está repleta, y los bolsillos de los pantalones con más peso que antes. ¡Me cago en la “mare” que me parió!

¡Qué puto coñazo sacar las llaves de la mariconera! Siempre en el lugar más recóndito. ¿Y la cartera? ¿Pero cómo se puede perder algo tan grande en un bolso tan relativamente pequeño? Pues sí, se puede.

Y me pregunto yo: ¿qué cojones he puesto en la mariconera? Pues no estoy seguro, pero ahora mismo ocupa un lugar decorativo en una de las sillas de casa. Dentro de poco será como un cuadro de Picasso: no se podrá ni tocar por miedo a estropearlo.

¡Puñeteras modas de las narices!

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3 comentarios to “La mariconera”

  1. aprendizdesoñador Says:

    Que cateto eres!!!

  2. aprendizdesoñador Says:

    El ojete al estilo Lucky Luke. JAJAJAJAJAJA.

  3. Bitacoras.com Says:

    Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: El complejo de Lucky Luke se hacía cada más fuerte. Esa sensación de vaquero sacado de contexto empezaba a inquietarme. Y es que no era para menos: la cartera, las llaves de la casa, las llaves del coche, el monedero, los pañ…..

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