Archive for the ‘literatura’ Category

Cinco meses: cambiando los hábitos de lectura

3 agosto, 2009

Esto va camino de parto. Ya hasta sé el sexo de la criatura. Llevo cinco meses tratando de acabar un libro y voy por poco más de la mitad. O sea que sí,  que va para largo. No sé si Internet o la televisión, aparte del trabajo (claro), son los responsables de esta odisea. También podría ser que el libro fuera un tostón.  O que yo estuviera perdiendo mi pasión por la lectura.

Voy a tener que recurrir al plan B: a partir de ahora sólo me pondré con novelas gráficas. Si no sois muy puritanos/as, la obra Fresa y Chocolate, de Aurélia Aurita, es como mínimo una curiosa reflexión sobre el amor, el sexo y la pareja: reflejándolo todo, detalles (encima con dibujitos) que normalmente no nos solemos encontrar fuera del ámbito de la pornografía. Por cierto, hay dos partes. Más divertida aun, Pyongyang, de Guy Delisle. En esta obra, el escritor canadiense nos cuenta su experiencia en la capital de Corea del Norte. Al ser uno de los pocos occidentales que ha tenido la ocasión de trabajar allí y vivir durante un periodo más o menos prolongado, resulta de especial interés para conocer el contraste entre la cultura de este país (y su terrible dictadura) y la de Occidente. ¡Cuidado! El humor de Delisle puede provocar desprendimiento de mandíbula. Anteriormente, había publicado una de temática, Shenzhen, de tono similar, pero como no la he leído tampoco puedo comentar nada (la trilogía la completaría la novela Crónicas Birmanas). Por cierto, que nadie espere de estas obras unos dibujos espectaculares ni nada por el estilo. El contenido prevalece.

pyongyang

CONCURSO: Un vil espía imperialista pagado por el Gobierno títere de Corea del Sur se ha infiltrado en este grupo de revolucionarios de voluntad de hierro: ¿cuál es el espía? RESPUESTA: El número 6 porque no lleva puesto su pin oficial de Kim Il-Sung o Kim Jong-Il

Como me he desvíado, para no perder el hábito, iba a comentar la opción C: seguir los pasos de Pensamientos Deformados y su máxima de: “Si los mejores libros, tienen todos menos de 150 páginas, ¿para qué voy a leerme un tochaco?”. El argumento es falaz (el Quijote, Cien años de soledad, En busca del tiempo perdido… por poner ejemplos que te vienen rápidamente a la cabeza), pero como seguimos el proceso de autosugestión, autoengaño, tan primordial para poder ser feliz (o creer serlo, que también vale); pues lo tendremos que adoptar como máxima sine qua non a la hora de seleccionar literatura. Eso sí, básicamente te tienes que pasar de la prosa al teatro y la poesía… En fin, siguen quedándonos El Dr. Jekyll y Mr. Hyde, El Aleph (para quien le guste Borges), Rebelión en la granja o la imprescindible Crónica de una muerte anunciada. Bueno, en verdad sigue habiendo mucha tela que cortar dentro del cientocincuenta-paginismo.

La opción D creo que es mejor ni plantearla: dejar de trabajar y dedicarse a la “vida contemplativa” que tanto adoraban los griegos, pero esa va a ser que no…

P.D. Cada vez estoy más convencido: estos antiguos griegos nos jodieron pero a base de bien… ¡Hay que ver la cantidad de ideas que nos legaron que contribuyen a nuestra insatisfacción: democracia, meritocracia, vida contemplativa…! ¡Ay, cómo me gustaría ver a Aristóteles dando sus paseítos por una calle de Madrid, de Nuevo México, de Sydney o de Nueva York!

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23 de abril: Día del Libro del calendario ¿gregoriano?

23 abril, 2009

Para el marketing esto de que Cervantes y Shakespeare murieran el mismo día, del mismo año, ¡joder!, ni a propósito. ¿Seguro que no fueron asesinados por Bill Gates? No, eso no puede ser. Gates todavía, supuestamente, no había nacido. Claro que si ha sido capaz de viajar en el tiempo, probablemente también pudiera trasladarse de lugar casi instantáneamente para poder así matar a las dos personalidades el mismo día aunque estuvieran una y otra separadas por cientos de kilómetros… Pero ¿y lo del Inca Garcilaso de la Vega? ¿No sería una enfermedad que afectaba a los escritores?

Esto me da a mí que es un rollo de los de la UNESCO, o puede que de las editoriales, que creo que sacan más provecho todavía de ello. Bueno, como a mí pagar por un libro no me duele (con sus excepciones), tampoco es que tenga nada en contra de un día así o de la parafernalia que se hayan montado. Total, siempre creo que va a ser mejor leer un libro (que, al menos, suele tener una criba ortográfica) que ir al cine a ver según qué mierdas subvencionadas con dinero público (con todo mi cariño para la actual ministra de cultura -con minúsculas- española).

Bueno, que me disperso. Lo que yo quería decir es que esos óbitos tan coincidentes eran demasiados sospechosos… Y es que, por lo visto, tienen truco: Cervantes muere el 23 de abril por el calendario gregoriano y Shakespeare el 23 de abril por el calendario juliano. O sea, que si seguimos apurando los diferentes formatos de calendario: por el ojetiano, Proust dejó de buscar el tiempo perdido el 23 de abril de 1616; por el revolucioniano, Víctor Hugo, ¡qué casualidad! murió un 23 de abril de 1616; por el clitoriano, fue el marqués de Sade el que vio el fin de sus orgías el 23 de abril de 1616;  al igual que Quevedo, cuyo  final  coincidió con el 23 de abril de 1616 del calendario gregoriano versión 2.0. (hasta en eso le jodió a Góngora, que se tuvo que conformar con fenecer un 23 de mayo); por su parte, Dante cayó un 23 de abril de 1616 del formato virgiliano; Virgilio, el 23 de abril de 1616 del año esquiliano; a Esquilo, por su parte, le cayó una tortuga en la cabeza (top ten en la Historia de las Muertes Absurdas de la Humanidad)  el 23 de abril de 1616 del quebrantahuesiano, acabando con su vida en tan ¿insigne? fecha;  mientras que Homero se fue el 23 de abril de 1616 del subiluliumiano…

¿Y a qué no adivináis cuándo murió Samuel Beckett, el celebérrimo autor de Esperando a Godot?… El 22 de diciembre de 1989.

Gomorra, el terror y el poder en primera persona

22 febrero, 2009

El libro Gomorra de Roberto Saviano tiene un inquietante y poderoso atractivo. En primer lugar, revaloriza la obra el hecho de que el escritor esté contando el relato en primera persona, siendo un vecino de las tierras donde dominan los camorristas (algo así como si un vecino de Guetaria sacara a relucir toda la mierda de ETA y sus connivencias con determinados poderes públicos). A la vista del éxito, los cínicos dirán que ha sido un intercambio de fama y dinero por arriesgarse un poco. Evidentemente no es así, ese tío se ha puerto una soga al cuello, una condena a muerte permanente, por escribir una historia que tiene mucho de reivindicación de la dignidad individual.

Hay que tener muchos cojones para ponerte a dar nombres y apellidos, describir actividades, investigar dinámicas de corrupción y de poder, sabiendo que eso te va a convertir en un paria, en un elemento “a evitar” por prácticamente todos tus familiares, amigos y conocidos.

Saviano presenta una visión global de las actividades de la Camorra napolitana. Igualmente, utiliza el libro para aclarar errores comunes (diferencias entre la Mafia y la Camorra), desmitificar (el relato es lo opuesto a El Padrino, de Mario Puzo) y poner en evidencia de la moralidad del tejido económico y político italiano (y europeo).

Apoyado en las diferentes investigación policiales que han tenido lugar aproximadamente en los últimos 20 años, el escritor explica las formas de actuación de los diferentes clanes, las desagrantes luchas de poder y sus sucesiones, la mentalidad de la Campania, las actividades económicas tanto legales como ilegales a los que se dedican (construcción, drogas, residuos tóxicos…)… Y de fondo, siempre la teoría latente de que esta actividad camorrista es esencial en el funcionamiento de la estructura capitalista. El autor defiende, aunque siempre más como una hipótesis (puesto que es imposible cuantificar el volumen de un negocio al margen de la ley, salvo por estimaciones), que las actuaciones de los clanes permiten a multiples empresas de toda Europa abaratar enormemente los costes en diversos procesos (manufacturación, distribución, deshecho de residuos), siendo, por tanto, parte fundamental en la generación de riquezas del Capitalismo.

La tesis parece solvente, si bien Saviano, quizás por proximidad, tiende a magnificar esta influencia. A lo mejor, ocurre al contrario, y es que yo, desde la lejanía, minusvaloro la importancia de esta estructura económica ilegal (“el Sistema”, en palabras de Saviano) en su interrelación con el conjunto global de la Economía.

Todo ello, por supuesto, a costa de sacrificar esa zona del sur de Italia. Prácticamente, acorde a Gomorra, estas regiones vendrían a tener las funciones de los esclavos en las épocas de la Antigua Grecia o Roma: serían los puteados para mantener en vigor la estructura, los olvidados sin los que sería imposible el funcionamiento del conjunto. Así, el hecho de nacer en estos lugares marca a sus habitantes, que tienen que elegir entre intregarse en las dinámicas del poder establecido, permanecer al margen pero sin estorbar (con sueldos míseros) o buscar su oportunidad en otros lugares.

Roberto Saviano, como una profesora a la que hace mención, ha buscado una cuarta vía: la más dura, la inescrutable y poco conocida. La de denunciar activamente las operaciones que se están dando en su lugar de origen. La de sacarnos los colores a todos por mirar hacia otro lado. La de demostrar que siempre habrá individuos que sean capaces de enfrentarse al Terror con mayúsculas…, aunque sea a costa de arruinarse su propia vida. Por eso, Gomorra es una obra que tiene que ser leída y Roberto Saviano, su autor, es una persona merecedora de Respeto y Admiración, también con mayúsculas.

Los perdedores de la Historia de España

26 diciembre, 2008

El pasado 27 de octubre se otorgó a Fernando García de Cortázar el Premio Nacional de Historia de España. Mientras esto ocurría, yo estaba inmerso en una de sus apasionantes lecturas: Los perdedores de la Historia de España y pensé que era un premio más que merecido.

El historiador bilbaíno es un narrador excelente, con una capacidad para conciliar Historia y Literatura fuera de lo común. Cada capítulo de sus libros consiguen captar tu atención como pocas novelas lo hacen. Tiene una creatividad que le hace buscar siempre un punto, una visión, un detalle que para otro escritor pasaría inadvertido.

Los perdedores de la Historia de España es un ejemplo de lo dicho. Repasar las vivencias de un país a través de sus perdedores, de los actores secundarios, de los marginados, es una forma de completar unos conocimientos que siempre nos han filtrado a través de los ojos de los vencedores, de los que se han impuesto. En esta ocasión, son los otros los protagonistas: desterrados, validos poco hábiles, príncipes rebeldes, religiosos tachados de herejes, ilustrados perseguidos,  héroes caídos en desgracias o empresarios que se adelantaron a su tiempo pueblan unas páginas que abarcan desde el Imperio Romano hasta la Posguerra. Sertorio, Prisciliano, Juan Alfonso de Polanco, Antonio Pérez, Mayans, Malaspina, Manuel Agustín de Heredia, Juan Peiró, Gil Robles o Luis Lucia componen un elenco variopinto de personajes que, con mayor o menor trascendencia histórica, forman parte de las notas a pie de página de España.

Atención a la cera que da el señor García de Cortázar, entre otros, a comunistas y nacionalistas vascos, a los que tilda de poco menos que verdugos disfrazados de víctimas. Una lectura más que recomendable: la cruz también forma parte de la moneda.

Diario de una ninfómana, de Valérie Tasso

10 diciembre, 2008

Durante la carrera de Periodismo, una de las pocas cosas que te recalcaban y que, por tanto, permanecían en tu mente, era la importancia del titular. Captar la atención del lector requería un encabezado que despertara la atención del espectador (lógicamente, esto siempre será imposible cuando te toque hablar de según qué temas). El reverso de este axioma es que si el titular no se corresponde con el contenido, la decepción del lector está más que garantizada.

A Diario de una ninfómana, de Valérie Tasso, le ocurre exactamente eso. Nunca un titular más atractivo tuvo un contenido más insulso. Hay que darle la enhorabuena al que eligió el título de la obra, básicamente gracias a él este libro es un best-seller. Pero también por su culpa, habrá sido uno de los escritos que más desengaños habrá provocado entre sus lectores. Puestos a ser puristas habría sido más apropiado el término Diario de una mujer promiscua.

Estructurado en cuatro partes, podemos ver en la obra la trayectoria de una mujer a la que le gusta el sexo sin compromisos, posiblemente fruto de una intensa actividad laboral (primera parte). Al ser cesada, cae en la trampa del amor de manos de un hombre sin escrúpulos que la deja en la ruina (segunda). Para saldar sus deudas, por despecho o por un conjunto de situaciones se dedica a ejercer la prostitución de lujo (tercera parte). Ejerciendo ese trabajo se vuelve a enamorar de un hombre que la saca del mundillo y la restablece anímicamente (cuarta parte).

Bien, todo esto es pura deducción. La descontextualización prima en toda la obra. La autora se pierde en detalles nimios y, en pocas ocasiones, te deja entrever el contexto general. Siempre intentas hurgar, buscar, escuadriñar en motivos y nunca hallas respuestas más que vagas e hipotéticas. Asimismo, en apenas un par de momentos en toda la obra, Val merece el apelativo de ninfómana, tan sugerente y perverso a la vez. Se trata de una mujer promiscua, sin más (a veces, ni eso)…

Asimismo, y vamos a ser claros, si es el diario de una ninfómana, no se puede escribir un relato que parece destinado a niños de doce años. Todo detalle morboso está prácticamente omitido: es como si estuvieras viendo una película erótica en el que cuando los protagonistas se están desabrochando la ropa hicieran un fundido a negro y pasaran a la escena siguiente, en la que ya están cubiertos plácidamente por las sábanas. Noooooo. ¡Muy mal! Estás generando unas falsas expectativas. Es el titular que no se corresponde con el contenido.

Probablemente es que yo soy hombre y tengo la mente ya torcida. A lo mejor si lo leyera una mujer sí podría pensar que Valérie Tasso es una auténtica ninfómana, pero desde mi punto de vista si el libro lo hubiera firmado Johanna Spyri, tampoco me habría sorprendido.

El niño con el pijama de rayas

15 octubre, 2008

Acabo de finalizar la lectura de El niño con el pijama de rayas, del irlandés John Boyne (me ha dado ahora por Irlanda), y me ha cautivado por su deliciosa sencillez, por su conmovedor final sin artificios, por esa inocencia y optimismo del pequeño Bruno…

Un libro fácil de leer, ameno, que cuenta como atractivo principal ver un hecho terrible a través de la mirada limpia y pura de un niño, de un crío que siempre busca la explicación más simple, la más esperanzadora. Bruno es como un rayo de luz en medio de la tormenta más oscura. Un personaje muy humano, que protesta ante la injusticia, pero que sabe cuando tiene que parar ante la Autoridad (Padre/Madre). Que es capaz de traicionar vilmente a su mejor amigo, pero que no cejará en su empeño hasta recuperar la amistad, arrepintiéndose con sinceridad de su cobardía…

Esta es la literatura que podría funcionar en los institutos y que podrían despertar el interés del alumnado. Historias que van atrapando al lector, que fluyen y que te sirven para explicar el contexto. Con obras así, pienso que se conseguiría aumentar el índice de lectura entre los más jóvenes.

Habría que agradecer a personas como Boyne su aportación a la Literatura. Espero que la adaptación cinematográfica haya sabido transmitir el tono del libro.

Esta año tampoco le van a dar el Nóbel a Dan Brown (?)

1 octubre, 2008

“Estados Unidos está demasiado aislado, y es muy insular, (…) La ignorancia es restrictiva”. Así, tal como suena se ha despachado Horace Engdahl, secretario permanente de la Academia Sueca que concede el Nóbel de Literatura. Se ha debido quedar a gusto. Le ha faltado añadir: “Si Estados Unidos está lleno de paletos, ¿cómo le vamos a dar el Nóbel al escritor de un país en el que gobierna Bush?” No lo ha dicho, pero estoy convencido de que se le ha pasado por la cabeza.

La conclusión a la que he llegado es que, entonces, a Dan Brown se le va a volver a negar el Nóbel de Literatura (bueno, siempre puede optar al de Física, con sus enrevesadas conjeturas). Quizás, tenga más suerte dentro de 15 años, cuando haya desvelado todos los misterios de la humanidad y haya hecho 15 variantes de El código Da Vinci. Uno resolviendo el misterio de Roswell, otro en el que soluciona el de la Sábana Santa, en uno también se puede hacer cargo de las caras de Bélmez, en un best-seller asegurado podrá descifrar el enigma incompresible allende los mares: ¿por qué existe el socialismo en Europa y gran parte del mundo?, ¿qué es la Izquierda?… No sé, yo pienso que una vez dé luz a todas las cuestiones que vienen llamando nuestra atención desde hace cientos de años, igual se merece ya de una vez el Premio.

Claro, todo eso lo conseguirá si Robert Langdon sobrevivé a todos los accidentes que el destino le depara (con saltos desde helicópteros sin paracaídas, disparos, espacios sin oxígeno, etc.). Brown, que es matemático, debería utilizar también con su personaje la Probabilidad. Yo podría poner un ejemplo: la posibilidad de que muera Robert Langdon en una novela es directamente proporcional a las opciones de Dan Brown de ganarse el reconocimiento de la Academia Sueca.

No te preocupes, Dan, aunque tu estilo sea cuestionable, la estructura de tus novelas son respetables. Y yo siempre tendré un hueco para leer tus fascinantes aventuras, pero una cada varios años, que si no, me empacho.

El asombroso viaje de Pomponio Flato

9 septiembre, 2008

La última novela de Eduardo Mendoza tiene un comienzo demoledor. El señor Mendoza coge el rifle y dispara a diestro y siniestro consiguiendo que no puedas dejar de carcajear. Yo estaba en mi cuarto riendo como un poseso a la espera de que me llamaran la atención. A medida que avanza la historia, si bien el nivel literario no baja en ningún momento, sí se nota un mayor comedimiento en la emplea de la sátira. Los tiros están más dosificados. No sé si debido a que con un principio tan excelente Eduardo Mendoza no ha encontrado la manera de continuar a la misma altura o si él mismo, siendo consciente del tono tan subido empleado al principio, optar por cortarse y autocensurarse un poco. Para mí, si la obra hubiera mantenido el nivel de sarcasmo del inicio entraría en la categoría de maestra. Sin llegar a ello, hay que reconocer que es un libro con el que pasar un buen rato, con ese pedante, grandilocuente y flatulento personaje principal que será difícil no te saque más de una sonrisa. Atentos al papel de José, padre putativo de Jesús, y de Apio Pulcro, que son también reseñables.