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Hormigas en Nueva York: Cap. 42. Cosas que hacer (o no) en Babilonia -y tercera parte-

18 febrero, 2009

43. Anda hasta reventar. Es inevitable. Durezas y callos en los pies han de ser el resultado final de tu viaje. Si no es así, no te has comportado como un auténtico turista.

44. Ten diarrea. Es como pasar la gripe o la varicela cuando eres niña/o.

45. Ve a un espectáculo en Broadway. El fantasma de la ópera, El rey león, Mamma Mía!, Grease, El jovencito Frankenstein son una mínima muestra de tus posibilidades. Si eres capaz de aguantar una cola insoportable, en TKTS puedes conseguir entradas con grandes descuentos (aunque normalmente las obras más destacadas no tienen necesidad de recurrir a rebajas).

46. Si Broadway te parece caro, Off Broadway es la alternativa. Teatros más pequeños para el outlet de las actuaciones en directo.

47. Haz alguna reclamación. No se soluciona al instante. Te remitirán a un número de teléfono, que en el mejor de los casos te resolverá tu problema cuando hayas abandonado Estados Unidos (como tiene que ser). Pero así, tú también les podrás tocar las narices a ellos.

48. Alucina con la Biblioteca Pública de Nueva York. ¡Guaaaaaaaaau! ¡Casi tengo un orgasmo allí dentro!

49. Envía vídeos haciendo el gamba a familiares y amigos. En Times Square hay un centro de información donde se pueden hacer este tipo de cosas de forma gratuita.

50. Escucha música en la tienda Apple. Los Ipods a disposición del que quiera. Si no te gusta esto, entra en Internet en algunos de los Mac que tienen en exposición. Hay cientos, pero más personas están esperando su turno. Lo gratis vende.

51. No te lleves mal con el personal del hotel. Sólo están cumpliendo con su trabajo, algunos con más efectividad y simpatía que otros. Siempre puedes hacer distinciones en las propinas.

52. Tiembla por tu situación económica. El crédito y las comisiones es lo que tienen: nunca sabes lo que te va a tocar.

53. Deja que te hagan un retrato o una caricatura. En los lugares más turísticos siempre habrá quien por cinco dólares esté dispuesto a dibujarte.

54. Ve a la tienda de la MTV. Con suerte os pasará algo similar a nosotros, que tropezamos con los Jonas Brother a la semana siguiente de aparecer en la portada de la revista Rolling Stone. Sí, ya que sé que no es algo de ensueño, pero menos da una piedra (y más, o menos, en agosto).

55. Demuestra tu buena voluntad. Acude a las Naciones Unidas. Pero, por favor, no a manifestarte. Para eso ya están los judíos ultraortodoxos.

56. Acércate a los puentes de Brooklyn y Manhattan, aunque los hayas visto cientos de veces en las películas (a fin de cuentas, como el resto de Nueva York).

57. Disfruta del arte callejero. Las estaciones de metro, el interior de los vagones, los parques, las aceras. En cualquier lugar, podrás ver en directo a cantantes, bailarines, saltimbanquis, pintores e incluso predicadores. Oye, también para esto se necesita talento.

58. Piérdete. Si ni con siete mapas diferentes hallas tu ubicación: ¡bienvenido al club de los desorientados!

59. Sáltate los semáforos de peatones en rojo. 23 al día es la media.

60. No seas malaje y cógele el flyer al hombre-anuncio. Ya sé que son infinitos y que la publicidad está diseñada en Word por Stevie Wonder, pero a ti no te cuesta ningún trabajo y a lo mejor consigues que el hombre/chaval (pues casi siempre son varones) se vaya antes a su casa.

61. Mete un penique en Coca-Cola durante varios días. Comprueba cómo hasta «la chispa de la vida» corroe al dólar.

62. Ve al estadio de los Yankees. No sé qué es el béisbol, pero por lo que se ve son bastante buenos. Además, están construyendo un nuevo estadio: ¡tiembla, candidatura olímpica de Madrid!

63. No sé si se puede considerar un museo, pero ve a Tussaud y hazte decenas de fotos con famosos a los que admiras o detestas. Jordan, Picasso, os queremos.

64. Confúndete en el metro. Colores diferentes, con números y letras distintas, en dirección Downtown o Uptown, y con el matiz de Local o Express. Si a eso le sumas los cortes por las obras, y los problemas técnicos; si no te lías, pública un libro o sube una web explicando cómo lo lograste: ¡te harás de oro!

65. Haz el proyecto para montar una tienda de ciclomotores. Si te lo aprueban, que tiemble Bill Gates. No he visto ni uno durante toda mi estancia en la Gran Manzana, y eso que tráfico sí que hay de sobra.

66. Ponte en cualquier avenida a contar los taxis que pasan durante un minuto. Después, puedes hacer estadísticas en función de las horas y las calles.

67. Pon en práctica cualquier otra forma de consumismo que no te haya mencionado.

68. Cómprate alguna revista americana: Esquire, Q, Rolling Stone, Time, Glamour… Al menos, cómprate una vez The New York Times, por favor.

69. Siéntete como una hormiga que no sabe llegar a su hormiguero.

70. Encuéntrate a ti mismo (o piérdete aún más).

71. Ten perspectiva. Piensa, emociónate, crea. Las posibilidades aquí son casi infinitas. Al final, seréis tu imaginación y tú las que inventéis las situaciones más memorables.

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Hormigas en Nueva York: Cap. 24. Lo que la oscuridad esconde

17 diciembre, 2008
Los neones de Times Square te deslumbran y te podrian ocultar las sombras de la isla

Los neones de Times Square te deslumbran y te podrían ocultar las sombras de la isla

Las relucientes luces de Broadway, el bello perfil de la Gran Manzana cuando el sol desaparece por unas horas, la intensa vida nocturna de zonas como Little Italy conforman la parte más memorable de la noche neoyorquina, con su vitalidad desbordante y sus coloridos neones.

Ésta es una realidad que hemos visto reflejada en cientos de series y películas, aunque existe otra paralela: en la sombra, pero igualmente real.

A vista de hormiga, detectamos la parte menos glamourosa de la capital del mundo. Apenas dan las siete de la tarde, las aceras de gran parte de las calles de Manhattan se convierten en un gran vertedero. Todos los comercios dejan en la parte de la vía peatonal más próxima a la carretera montañas de bolsas con la basura que han acumulado durante el día (por suerte, la peste está erradicada en Occidente). No importa el distrito, prácticamente toda la isla queda adornada con los restos de la intensa actividad cotidiana. La estampa durará, como mínimo, tres o cuatro horas, tiempo en el que empiezan sus labores el servicio de limpieza.

Por la mañana temprano, las calles volverán a estar impolutas, dentro de los límites establecidos para una ciudad como Nueva York, a la espera de la finalización del día, en el que la escena de las cordilleras de desechos se repetirá nuevamente.

Otro clásico de la oscuridad en la Babilonia del siglo XXI son los «sin-techo», apelativo cariñoso con el que denominar a los mendigos, la parte menos afortunada de la ciudad de las riquezas.

Hay cientos de ellos repartidos por los diferentes barrios. Aprovechan la puesta a punto de Manhattan, que hace que se vayan trasladando de calle en calle plataformas que permitirán a los obreros embellecer las entradas de la mayor parte de los edificios. Estas plataformas cumplen, por tanto, un doble cometido: dan lustre a los encantos que relucen en la Gran Manzana cuando el sol está en lo más alto y, de noche, sirven de cobijo a los vagabundos, pues les evita tener que dormir en la intemperie más absoluta.

Al lado de nuestro hotel, en la calle 30, hay una de estas estructuras. Entre otros elementos, están arreglando las molduras de una tienda que se dedica al mobiliario del hogar. Justo debajo de sus escaparates, en los que se pueden apreciar muebles de diseño, vemos todas las noches dormir a dos «sin-techo» sobre la fría acera, separados por sólo un cristal de camas y sofás que se podrían encontrar en las suites de los hoteles más lujosos de Nueva York.

Hormigas en Nueva York: Cap. 19. Haciendo realidad el sueño de mi madre

9 diciembre, 2008
Winter Garden, escenario de las representaciones de Mamma Mia! en Broadway

Winter Garden, escenario de las representaciones de Mamma Mia! en Broadway

Las luces se apagan y el acomodador nos indica amablemente nuestra posición. Claro, stand: «permanecer de pie». Era imposible otra explicación lógica a que yo pidiera dos entradas que costaban más de 100 dólares cada una y me cobraran poco más de 40 por las dos.

Ahora te puedo decir que, verdaderamente, no me arrepiento. Estás de pie, sí, pero el teatro es coqueto y recogido, y al estar erguido, la posibilidad de tener una persona de cabeza abultada es un riesgo que queda minimizado. Gastarte más de 200 dólares para ver un eclipse no es precisamente uno de mis sueños, puesto que es una pesadilla que ya he sufrido.

¡Silencio!, ¡silencio! Murmullos. Y por fin, el sueño de mamá se hace realidad… en mí. Mamma Mía! Desde los cuatro años, inculcándome la cultura ABBA y me encuentro en una sala de Broadway, contemplando el musical compuesto por Benni y Björn.

Aunque en inglés, te vas enterando bastante bien de la trama, salvo cuando interviene un tío con el pelo rizado que pronuncia el inglés como un malagueño el español.

Una madre. Una hija. Una boda. Tres posibles padres. Cuatro amigas. Un novio. Una no-boda. Un matrimonio inesperado-esperado. ¡Qué más da! Lo importante es dejarse llevar por la música, la coreografía, las luces y el ritmo que marcó una década. Chiquitita; Honey, honey; Waterloo y, entre muchas otras, una desgarradora The winner takes it all forman parte de un elenco hecho para nostálgicos.

¡Cuánto habría disfrutado mi madre!

Hormigas en Nueva York: Cap. 7. Times Square o porqué el Capitalismo derrotó al Comunismo

17 noviembre, 2008
el corazón de Manhattan

el corazón de Manhattan

Miles de personas se acumulan en pocos metros cuadrados. Cientos de ellas, cámara en mano. La primera vez que estás aquí notas cómo se te acelera el corazón y una sensación de vértigo se expande por tu mente. En un instante, tus sentidos parecen abrumados, colapsados, por el despliegue de luces, pancartas, colores e imágenes: sí, es Times Square.

Si Nueva York es el centro del mundo (al menos del Occidental), Times Square es su corazón.

Inmensas pantallas a derecha e izquierda, donde se suceden los anuncios de las marcas más punteras (Coca-Cola tiene su lugar destacado y permanente). Aquí es donde viene la gente en fin de año. Y también en este lugar podemos ver el Hard Rock Cafe, el Planet Hollywood, el McDonald´s, la Virgin Store, el Bubba Gump (no es broma, existe), el estudio de la cadena ABC, la MTV Store, etecé, etecé, etecé.

Interconectado con Broadway, y sus decenas de espectáculos, se trata de un espacio con el que nada aguanta comparación. Por la noche, cuando las luces se multiplican, este universo brilla como si fuera una constelación propia. Aquí todo parece mágico, desde los inmensos carteles en los que se anuncian los próximos estrenos de cine o teatro hasta el modesto cartel del drogadicto que señala: «Necesito dinero para cerveza, alcohol, mujeres y drogas; al menos, soy honesto y no te estoy asaltando con navaja». Contra esto, poco tenía que hacer el socialismo soviético. ¡Chúpate esa, Lenin!

Cada hora las puertecitas laterales se abren y aparecen unas figuritas como en un reloj de cuco

Cada hora las puertecitas laterales se abren y aparecen unas figuritas como en un reloj de cuco