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Historietas lisboetas 2: Tópicos de msantaella en la capital lusa

23 abril, 2009

1. Rua Augusta. Una de las calles principales de Lisboa. A medida que te aproximas a la Plaza del Comercio (ahora en obras), se incrementan las posibilidades de que te ofrezcan droga. En esta ocasión no iba a ser menos: en un fragmento de unos 50 metros hasta tres personas diferentes se acercaron para ofrecernos “maría, chocolate” (si quieres farlopa, entonces ya te tienes que ir al Barrio Alto y recorrer cien metros para que te la intente vender; eso sí, todos unos gentleman: siempre a los hombres ). Además, para asegurarse de que comprendes lo que te están diciendo te enseñan unos pedrolos impresionantes con la mercancía. ¡Hombre, por dios! ¡Ya sé que está mala la cosa inmobiliaria, pero, hioputa, con eso te podrías construir un chalet! Eso sí, el vendedor es un tío que lo mismo hasta está vestido de chaqueta. (Un director inmobiliario venido a menos, me da a mí).

No es la Rua Augusta, pero como está cerca, da el pego

No es la Rua Augusta, pero como está cerca, da el pego

2. Belem. El puente 25 de abril divide a Lisboa en dos partes. Belem es lugar de “peregrinaje” para los turistas, que acudimos en tropel a ver y “rever” el Monumento a los Descubridores, la Torre de Belem y el Monasterio de los Jerónimos, entre otras cosas. A mí esta zona de Lisboa me tiene cierta tirria, pues siempre que me acerco el cielo se encapota.

Típico monumento "sacaperras" de capital de país

Típico monumento "sacaperras" de capital de país

Eso sí, nunca nos llega a llover y esta vez, por fin, logramos entrar al Monasterio de los Jerónimos (que yo siempre confundía con el Museo de la Marina; esto de ser poco religioso es lo que tiene).

Monasterio de los Jerónimos: más de cuarenta minutos haciendo cola, acaba la misa y resulta que hay una puerta enorme por la que puedes entrar, GAÑAAAAAAAÁN

Monasterio de los Jerónimos: más de cuarenta minutos haciendo cola, acaba la misa y resulta que hay una puerta enorme por la que puedes entrar, GAÑAAAAAAAÁN

Pero a mí lo que verdaderamente me emociona no son ninguno de estos monumentos, lo que me vuelve loco es su Universidade Moderna, con la Licenciatura en Cinema. ¡Brutal! Me recuerda tanto, por la cutrez exterior, a mi instituto, que le he tomado una especie de cariño. Supongo que ser “modernito” es lo que tiene (lo digo por la Universidad, que no por mí).

Chúpate esa, Columbia

Chúpate esa, Columbia

3. Castillo de San Jorge. Muy gracioso, muy bonitas panorámicas, muy gilipollas visitarlo cada vez que vas a Lisboa… ¿De verdad es necesario subirte en el tranvía hasta el quinto carajo, comer en un sitio en el que “disfrutas” con pseudocantantes de fado y recorrer el mismo castillo que, con tantos siglos como tiene, no es precisamente un MoMA? Pues mira… Sí, cuando descubres que existe una Torre de Ulises que, básicamente, es el invento de un voyeur llamado Leonardo Da Vinci. Y resulta que desde ese lugar puedes divisar y controlar, por obra de la óptica, un espacio importante de la capital lisboeta. Si ponen uno así, cercano a las playas de Ibiza o de Malibú, el éxito lo tienen garantizado. ¡Pobre, Hugh, le voy a arruinar el negocio!

vista desde San Jorge

4. Gastronomía. ¿Qué coño come una persona que no le guste el bacalao en Lisboa? Pues está claro: los platos típicos: hamburguesa, melón con jamón, gambas… y algunos productos que eliges porque el nombre suena atractivo. Máxima lisboeta: la deliciosidad de la comida es inversamente proporcional a la sonoridad de su denominación. Ejemplo: un “polvo” no es un “caliqueño”, sino un puto “pulpo”. Esta confusión se multiplica en el Barrio Alto, donde sex-shops y restaurantes pueden llegar a confundirse. No me extraña que después como música tenga el fado… Te creas expectativas y, al final, “na-de-ná”. Resultado: música melancólica.

5. Cristo Rey de Almada. En continua renovación, menos la mujer que vende en la tienda de souvenirs, que creo que es la misma en el medio siglo de esta construcción. A imitación del Cristo de Corcovado, a la entrada de Lisboa, nos encontramos con esta enorme escultura posada sobre un pedestal todavía más inmenso. Han hecho en su interior una capilla y me sorprendió ver virgenes y cristos modernitos, lejos del estilo de pintura que viene caracterizando al catolicismo desde hace ¿1.000 años?

Este año se celebra el 50 aniversario del Cristo de Almada

Este año se celebra el 50 aniversario del Cristo de Almada

6. Foto-turista. Vas 300 veces a Lisboa, haciendo 400 fotos de medias en cada visita, y me juego la cabeza de que esas 120.000 imágenes el 85% son la misma (con un margen de variación del 5% aprox.). Además, es que no te molestas ni en variar el ángulo, la perspectiva o la  nitidez. Siempre la misma Virgen de Fátima, la misma , el mismo Puente 25 de abril, la misma Plaza del Comercio… Lo único que puede variar un poco es el tiempo o si hay obras de remodelación, y lo que sí puede cambiar de forma considerable es tu propio reflejo, ya que te vas viendo cada vez más extraño en las fotografrías. Solución: dejar de ir a Lisboa (opción regulera) o no aparecer en las fotografías (¡yujuuuuuuuú!).

Una de las fotos más típicas de turista en Lisboa, pese a Mapfre

Una de las fotos más típicas de turista en Lisboa, pese a Mapfre

La catedral lisboeta por excelencia; la estampa típica lleva un tranvía, pero yo me lo he pasado por el forro

La catedral lisboeta por excelencia; la estampa típica lleva un tranvía, pero yo me lo he pasado por el forro

Apenas medio metro de altura, un día de éstos la van a robar y va a aparecer en la casa de algún sinvergüenza tipo Obiang

Apenas medio metro de altura, un día de éstos la van a robar y va a aparecer en la casa de algún sinvergüenza tipo Obiang

Al final, Lisboa

8 abril, 2009

Sí; no; sí; bueno, no; quizás… Con más dudas que Zapatero, nos plantamos casi en Semana Santa pero sin plan alguno. Recurso de última hora: Marruecos o Portugal. Tras dos años y medio de ausencia, echo un vistazo a ver cómo nos saldría un par de noches en la capital lusa, y ¡atiende! el hotel más barato que me sale (60 euros la ncohe una habitación doble) es uno de cinco estrellas (?).

Total, las dudas se disipan de golpe, como la claridad en Zapatero cuando le preguntan por la reforma del IRPF, y acabamos reservando un hotel que si lo hubiéramos buscado a propósito no lo habríamos conseguido (es cierto, creo que cada mes o así me da por ver cuánto nos costaría una escapadita a Lisboa). Aunque yo tengo el miedo de que esa tarifa sea simplemente por entrar y en cuanto crucemos la puerta nos pongan un taxímetro y nos cobren por segundos (la primera hora completa).

Y ahora es cuando me surgen las dudas: ¿cómo coño se comporta alguien en un hotel de cinco estrellas? Estoy más perdido que cuando Zapatero se encontró con Obama… “Y ahora qué coño hago: le doy la mano, un toquecito en la espalda, un abrazo en plan colega…” Yo, lo mismo, no sé si tengo que intentar pasar desapercibido o ir en plan estrella del rock y tirar un televisor por la ventana, para que te traten con “respeto”.

Creo que lo mejor es improvisar, como Zapatero: si al final vas a acabar “cagándola” por lo menos que sea de la manera más natural posible.

Plaza del Comercio

La Plaza del Comercio, el centro de la capital lisboeta

Espero que en esta ocasión, tenga la oportunidad de entrar al Museo de la Marina, de una puñetera vez. Tampoco me desagradaría (aunque sí a mi bolsillo) pasarno por el Luso a escuchar fado… Lo que sí parece seguro es que, por un lado, utilizaremos a la señorita Sagres para ahogar penas y alejarnos del “mundanal ruido”, que diría Fray Luis (las cosas que tiene la cárcel), y, por otro, que ya no seremos tan pardillos para “picar” en la clásica artimaña de la restauración lisboeta: te ponen una serie de aperitivos, que te crees cortesía de la casa, y después al echar un vistazo a la cuenta, adivinas que te la acaban de meter doblada (como con los 400 euros de Zapatero).

Dos de las principales damas de Lisboa

Dos de las principales damas de Lisboa

Desconexión, desconexión… Se trata de desintoxicarse de los días que estamos viviendo (la intoxicación por cerveza forma, paradójicamente, parte del tratamiento. ¡Véngase,  señor Zapatero, que le veo que también necesita unas vacaciones para cambiar de perspectiva!