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La perra que susurraba a los pirados

6 octubre, 2009

Ahora que han dejado un hueco en el Psiquiátrico de Mayfield, creo es un buen momento para rellenar un formulario e ingresar durante un tiempo en semejante lugar. Alvie o Jay-Bird pueden ser gente de la que aprenda bastante en estos momentos.

Pues sí, te acuestas tras ver el inicio de la sexta temporada de House (¡magnífica!, pero para otro post), te despiertas antes de tiempo (o sea, antes de lo que viene siendo habitual), ves a tu perra encima de la cama, hace como que bosteza y “dice” “muerte”. Sí, como una puta cabra. Cual si fuera el perro de Family guy ahora va a resultar que mi mascota también habla, sin ser un loro. Y por supuesto, entre ochocientas mil millones de palabras posibles tuvo que escoger ésa, y entre trescientos mil millones de idiomas a elegir tenía que elegir el castellano, ¡la madre que la parió!

En otra ocasión, la cocker boqueó y pareció que emitía un sonido, pero era algo menos solemne, menos tétrico. No sé qué “palabra” era, pero sería algo así como “casa”, “ahora”, “arco iris” o “esternocleidomastoideo”. Sin embargo, a mí me viene con filosofías, dejándome todo el día con un mal rollo (¡coño!, ¿no podía ver dicho “cochicerdo”, “culo” o “teta”?). Racionalización, racionalización. Vamos a ver: lo más parecido en cuanto a fisonomía al hombre es el mono. Se han realizado estudios y se han conseguido que pronuncien determinadas palabras y que asocien determinados conceptos, mas por su propia constitución, cuestión de laringe, su registro vocal estaba limitado a una serie de palabras. Investigaciones científicas avalan esta tesis.

El perro, por tanto, más alejado de la escala humana (y tanto, son hasta nobles) no puede, por suerte, ejercer el dominio de la facultad parlante, salvo Brian (claro está) y, como consecuencia, todo ha sido producto de la delirante imaginación de la audiencia. Durero apuntaba que la realidad se componía del objeto que se ve, la distancia  entre el ojo y el objeto, y el ojo que ve. Bueno, algo así aunque expresado más cultamente. Esto fue un sonido, pero viene a  ser lo mismo.

En resumidas cuentas, tengo un problema (o dos): O lo que sucedió fue real. ¡Chungo! Una perra que habla, cuando se enteren los vecinos seguro que empiezan a comportarse como los de la película de Álex de la Iglesia. O segundo, lo que ocurrió fue una ensoñación-alucinación y estoy para que me encierren (¡oleeee!, no tendré que preocuparme de mi manutención durante algún tiempo)…

Me voy a tener que dar otra noche, eso sí, la perra con la boca atada, porque si no, al que le van a tener que poner unas cuerdas va a ser a servidor, y ahora que House ha abandonado Mayfield no sé si encontraré amistades tan entrañables. ¡Guau, guau!

P.D. Leer El lobo estepario puede tener efectos secundarios. El “sólo para locos” de Harry Haller es un mensaje pernicioso.

P.D.2: ¡Menudo circo he montado: perros, loros, monos, cabras, lobos…!