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El coche fantástico

15 octubre, 2009

Al final va a ser verdad que estoy demasiado tiempo dentro del coche… Lo de anoche creo que fue una de las principales causas del dolor de cabeza que tenía. Voy por una carretera de dos carriles camino a casa. Y observo cómo de uno de los aparcamientos laterales empieza a salir un coche muy lentamente. El colega ni ha puesto el intermitente y ni siquiera ha encendido las luces. El vehículo se me cruza completamente e invade el carril de la izquierda por el que yo circulaba. Estoy a punto de darle una sonora pitada, claro, si funcionara el claxón. Así que no me queda otra que frenar y pensar “¡menudo capullo!”. El coche se mete dentro de un arcén de apenas medio metro de anchura y queda atrapado.

¿A qué no adivináis quién lo conducía? No, no era David Hasselhoff tras salir de la clínica de rehabilitación… Nadie. No había nadie dentro del coche. Estaba más vacío que una sala de cine un lunes no festivo a las seis de la tarde. Por más que miro no encuentro a una persona de estatura minúscula ni nada por el estilo. Me cambio de carril y sigo mi camino tratando de desenmarañar el misterio:

A. Era el coche fantástico.

B. Era el vehículo de los Adams, o puede que de los Monster.

C. Alguien había tenido una urgencia (por ejemplo, diarrea o ganas de mear) y se había dejado el coche con la marcha puesta y el freno de mano mal echado, y a la vuelta se encontró con el automóvil atrapado en el arcén.

D. Una pareja mantenía relaciones sexuales en el interior del coche e hizo que éste se moviera a base de “achuchones”.

E. Otro tornillo que se me cae.

F. Programa de cámara oculto. Todavía tengo que salir con cara de giliflautas en alguna cadena viendo al vehículo que andaba sin conductor. Mi segundo gran éxito tras “hostia en el Museo de Orsay” (dentro del top 10 de la videovigilancia de París).

G. Estaban probando, con poco fortuna, un auto que funcionaba a distancia.

H. He jodido el plano del rodaje de una película. Estaban intentando escabullirse de pagar al Ayuntamiento por grabar y habían elegido un lugar y una hora en el que hubieran poco tránsito. ¡Lo siento, chicos! (Os puedo dar el número de los diseñadores de Ralph Lauren para que, mediante Photoshop, os puedan arreglar el desaguisado).

I. Sólo Iker Jiménez conoce la respuesta.

Sin embargo, eso no fue lo peor: lo auténticamente jodido es que ese día perdí un billete de 20 euros. ¡Ya me vale con la que está cayendo!

¿Por qué coño me compré un coche nuevo?

13 enero, 2009

Maldita sea mi estampa. ¿Por qué se me metió en la cabeza comprarme un coche nuevo? ¿Por qué no hice caso a todos los que me recomendaron que no? ¿A qué idiota se le ocurre meterse en una trampa de siete años por un cachivache y, encima, sin dar entrada? ¿Qué clase de anormal “invierte” en un C3? ¿Por qué se les permite a los políticos tener blogs, no tenemos suficientes con sus tonterías y paridas en radio, televisión, periódicos y medios digitales (al menos, supongo que pueden servir para pedir disculpas)? ¿Por qué “seleccioné” la opción diésel? ¿Era, en verdad, necesario “facilitarme la vida” con un vehículo que me cuesta un cojón y que no me serviría para desgravar ni sobornando a todos los funcionarios de Hacienda? ¿Pondrán mi foto al lado de las palabras “coño” y “cojones” cuando se haga una búsqueda en WordPress de tanto desgastarlas? ¿Por qué Bush y sus amigos-enemigos de la OPEP la han tomado con los pobres-de-nosotros que apostamos “seguro” por el gasóil en vez de la gasolina (“no more Bushes in the White House”)? ¿Por qué en cuatro años he cambiado más veces las luces del coche que mi padre en cincuenta? ¿Y por qué he hecho la prueba de alcoholemía más veces que él si no he hecho ni la trigésima parte de sus kilómetros? ¿Realmente tengo tan mala pinta para que me hagan salir del coche en medio de la noche y me pregunten “llevas droga” y me dejen en estado de shock ante tan soberana gilipollez? ¿Por qué los agentes de la ley tienen tantas precauciones con un pardillo como yo y no le tocan los huevos a los hijos de puta que van en sus motos y sus coches molestando y poniendo en peligro a todos los que están cerca? ¿Por qué mitificamos tanto lo de “estrenar el coche” cuando es como la virginidad, un valor en desuso, pasado de moda, que no da ninguna garantía y que nadie puede probar (si hasta la prueba del pañuelo tiene truco, qué no se hará con los coches? ¿Por qué me dejé embaucar por el comercial con un color gris que nadie llevaba en su momento y que a día de hoy lleva todo dios, y que hace que resplandezca la suciedad? ¿Por qué mi puto coche no arranca otra vez cuando llega el invierno? ¿Estaría escribiendo esta sarta de banalidades si no me hubiera tocado andar durante casi una hora por medio de calles peladas, con una temperatura que te cortaba el cuerpo (al principio), porque se me ha escapado el último autobús que me podía llevar a casa? ¿Por qué la última vez que cogí un taxi en España el conductor iba más “ciego” que Stevie Wonder y nos cobró quince euros por cuatro minutos de paseo inhabilitando mi capacidad de reacción causa-efecto (no-autobús/sí-taxi)? ¿Por qué fui a un concesionario de una marca francesa en vez de a uno de una marca alemana? ¿Será posible que Carlos Sáinz me haya dicho “niño, tienes el calino”? ¿Se alejará la gente cuando conduzca su coche de mí como de Esperanza Aguirre, “por si las moscas”? ¿A cuántos les han roto algún cristal un cretino con los puños en un momento de rabia? ¿Por qué la aseguradora me llama tres meses después de caducar el seguro, sin haberme enviado la carta de notificación para renovar antes, sin haber tenido un parte en todo el año? ¿Por qué me tengo que olvidar casi todas las mañanas de dónde aparqué el coche la noche anterior? ¿Y por las noches por qué me cuesta tanto trabajo encontrar aparcamiento? ¿Por qué estoy convencido de que lo que me pasa a mí le ocurre, en mayor o menor medida, a todo el mundo (salvo a los que tienen Mercedes)? ¿Cuándo van a acabar las puñeteras obras del Metro? ¿Y cuándo se va a agotar el miserable petróleo? ¿Para cuándo un coche de energía solar para que nos podamos cagar en el sol? ¿Para cuándo cabinas de teletransportación que nos eviten tener que coger otros medios de transporte (sí hay que transformarse en mosca, pues nos transformamos)? ¿Por qué coño he escrito un párrafo tan largo, con el coraje que me daba Samuel Beckett? ¿Por qué los irlandeses no puntúan? ¿Seguimos esperando a Godot? ¿Por qué no me callo ya, a fin de cuentas es una mierda de coche, que es un sorullo de problema en comparación con la que les ha caído a los habitantes de Gaza, de Ruanda, de Sierra Leona, de Iraq, de Afganistán, etecé, etecé, etecé?

Sí, será mejor que me calle… Aunque sólo sea por unas horas.

Colega, ¿dónde está mi coche?

10 octubre, 2008

Salgo del portal del bloque en el que vivo y, prácticamente como una manía, miro a derecha e izquierda. Me quedo parado un instante con la vista perdida, pienso (sí, de vez en cuando lo hago) y determino el lugar hacia el que dirigir mis pasos. Esta vez no hay dudas. Doblo a izquierda, recto unos 400 metros, giro a la derecha y ando 30 metros y después, tras tomar una curva a la izquierda unos 15 metros. Llegué, vi y… ¿dónde coño está mi coche?

Estoy peor que Ashton Kutcher, empiezo a dar vueltas a mi alrededor como si fuera a aparecer por arte de magia. Pero no, ese poder sólo lo debe tener David Copperfield (si no que alguien me explique, racionalmente, qué hacía Claudia Schiffer con ese tío), porque sigo sin encontrar mi automóvil. Busco en el suelo por si hubiera algún triángulo de la grúa, aunque eso no es posible ya que estaba bien estacionado. Lanzo un suspiro y se me viene a la mente una pequeña luz que me recuerda que en este sitio lo dejé hace dos noches, que ayer lo aparqué al lado de mi casa, a apenas 100 metros.

Pues bien, si fuera un episodio aislado tendría su gracia, pero todas las semanas me pasa cuatro o cinco veces, perdiendo una media de unos seis minutos cada vez que no sé dónde aparqué la noche anterior. Eso da que al año, quitando tres semanas que apenas empleo el vehículo, utilizo unos 1.323 minutos aprox. en encontrar el coche, o lo que es lo mismo más de 22 horas. Si a eso le añadimos el tiempo que me dedico a buscar aparcamiento, mis cálculos me indican que una media de 12 minutos al día durante 315 (de los 365), eso significa que cada año empleo 3.780 minutos en buscar un sitio donde dejar el automóvil (63 horas) y 1.323 en encontrarlo después. La suma nos da 5.103 minutos (más de 85 horas, más de tres días y medio) desperdiciados en poder huir del vehículo y regresar a él. Y eso que no hacemos referencias a tiempos en atascos, gasolineras, circulación, etc. ¡Qué ganas tengo de que llegue el metro y así poder poder quejarme del servicio público!

A lo mejor así le puedo dedicar esos 5.103 minutos al sexo, que al menos no es tiempo perdido.