Posts Tagged ‘Vicodina’

El lado más humano del doctor House: el inicio de la sexta temporada

7 octubre, 2009

Vemos a un House sonriente. Hay una tarta y todo el mundo le mira con expectación y le aplaude. House parece feliz… y esta vez no es porque se haya pasado con la dosis de vicodina. Por primera vez, lo vemos como una persona con sentimientos, capaz de dejar a un lado la fría y, muchas veces, cruel lógica, y aceptando que él, por ejemplo, también puede emocionarse.

Éste es uno de los momentos finales del capítulo doble con el que House inicia su sexta temporada. Nada de Foreman, ni de Cameron, ni de Chase, ni de Trece, ni de Amber, ni de Cuddy… Sólo una mínima dosis de Wilson, para hacer que el capítulo rodara. El protagonismo casi completo es de House, quien se convierte en el paciente en este episodio. Si su desintoxicación de la vicodina copará los primeros momentos de su estancia en el Centro Psiquiátrico de Mayfield, pasado ese primer tramo, nos encontraremos al House de siempre: una mezcla de McMurphy, el personaje que interpretaba Jack Nicholson en Alguien voló sobre el nido del cuco, y del Capitán Hilts, aquel señor encarnado por Steve McQueen que trataba una y otra vez de escaparse de un campo de concentración en La gran evasión.

McMurphy, planeando una nueva rebelión en el psiquiátrico

McMurphy, planeando una nueva rebelión en el psiquiátrico

Es House. Nadie podía esperar que aceptara como un dócil borrego un tratamiento impuesto por una autoridad a la que no reconoce y a la que, según sus principios, tratara de sabotear de todas las maneras posibles. No es para menos, al igual que McMurphy, intentará aprovechar su inteligencia para provocar una rebelión en el psiquiátrico. A imitación de ciertas especies de cucos, tratará de ser poco menos que el huevo de la discordia, esperando romper el cascarón para “aniquilar” a sus compañeros. A semejanza de Hilts buscará huir del lugar aunque tenga que recurrir a medios poco honorables o convencionales… pero a diferencia de ellos, y por una vez, el final ni será completamente trágico ni tampoco tendrá el halo de una victoria moral un tanto pírrica-cómica.

Su propia humanidad será  el tratamiento inicial que lleve a su rehabilitación. El ver el sufrimiento del doctor que se encarga de su caso (a través de la muerte del padre) hará que se acerque a este personaje, que empiece a ver como posible el aceptar sus consejos. Su propia infalibilidad, mostrada y demostrada, cuando su intento de ayuda a un desiquilibrado acaba en un no-suicidio (House hace creer al chaval que puede volar y éste se tira de un garage convencido de que es un hombre-pájaro). Este hecho hace que, en su clásica primera reacción, intente buscar reparar el daño causado… Hasta que se de cuenta, siguiendo las recomendaciones  doctor Nolan, de que hay situaciones que no se pueden evitar, que lo mejor es pedir disculpas y pasar página.

Con dificultad, pero así será: veremos el impresionante momento en el que el doctor Gregory House pide disculpas sinceras a un semejante. Nada de trucos, nada de después comentar “eres un lelo” o “¿cómo puedes ser tan pardillo?”.

En esta evolución, no menos importante será el personaje ocasional de Lydia. La amiga de una de las pacientes ingresadas en el psiquiátrico, con la que House establecerá una relación que sabe de antemano que está destinada al fracaso y al sufrimiento. Un auténtico reto. La inmersión dentro de un proceso social, a cara descubierta, sin la máscara de la ironía ni la capa del sarcasmo, observaremos una transformación paulatina (dentro de la rapidez de la ficción audiovisual que delimita la duración del capítulo a noventa minutos): del rebelde egocéntrico casi infalible a la persona que se equivoca y que sufre por ello, que se deja arrastrar por la debilidad y, en un momento de desesperación, en vez de recurrir a las drogas, se sienta en un aparcamiento (al igual que fue en otro párking donde tuvo lugar el no-suicidio) y espera a su confesor y antiguo enemigo, el doctor Nolan, para contarle que Lydia se marcha, que vuelve a estar solo. Aceptar ese hecho hace que el psiquiatra se convenza de que, ahora sí, House puede volar y volver a ejercer su profesión.

A diferencia de McMurphy, House si acabará ciñéndose al tratamiento de su mentor, el doctor Nolan

A diferencia de McMurphy, House si acabará ciñéndose al tratamiento de su mentor, el doctor Nolan

De esta manera, volvemos al inicio del relato. House es el centro de la fiesta de despedida. Hay sonrisas. Hay aplausos. Hay una tarta. Hay alegría. Su victoria no será convertirse en un héroe condenado al enclaustramiento, como el capitán Hilts. A diferencia de McMurphy, no necesitará de un indio al que se le había comido la lengua un gato para que acabe con su sufrimiento; pero al igual que él, conseguirá antes de despedirse que una persona que llevaba años sin pronunciar palabra vuelva a usar la voz y pueda salir del psiquiátrico antes que él. Al igual que McMurphy será un motivador que llevará la alegría, aunque sea por unos instantes, a Mayfield (el comportamiento de Alvie será su principal logro tras su salida del  centro). House se ha aceptado a sí mismo: sus sentimientos, sus emociones, sus errores… House ha vencido, al menos en esta ocasión. Y su victoria ha sido total, como la de los guionistas.

El cuco ha vuelto… ¿Cuánto tiempo durará su canto?

Melancolía de verano: Te echo de menos, dr. House

8 agosto, 2009

House

Viaje a la locura con el doctor House (quinta temporada)

25 mayo, 2009

He traicionado uno de mis principios.  Sí, he visto House subtitulado. Ya sé que para los más puristas sería un traidor por verlo traducido, pero es que el doblaje en español (en España, pues supongo que en los diferentes países hispanoamericanos lo doblarán cada cual con los suyos) del personaje House es brillante. De hecho, puede que sea una blasfemia,  mejora al original.

En fin, toda esta parrafada viene al caso de que, tras un parón en el visionado de la serie, logramos ponernos al día de su quinta temporada. ¡Mal hecho! ¡Ni siquiera nos habíamos fijado en que quedaban todavía tres episodios por emitir en español! Así que, vencidos por la curiosidad, decidimos volvernos locos y trasladarnos al universo anglosajón de nuestro querido doctor.

Y he aquí, que me veo todavía sorprendido por la quinta temporada de una serie dramática que se basa en episodios autoconclusivos de esquema repetitivo. Todavía el CSI de la Medicina me deslumbra, me puede llegar a dejar impresionado por unos giros y un rizar-el-rizo que, a veces, te pueden llegar a alterar el estado emocional más de lo habitual.

Por un lado, una vez que por fin apareció una persona con lupus, hemos visto como en ningún diagnóstico se vuelve a mencionar la citada enfermedad (supongo que era por probabilidad estadística: “ya hemos tenido un caso, ya es imposible que se vuelva a plantear”), si bien la sarcoidosis se establece como su más que digna sucesora… Y la estructura que se repite infinitamente, como decía Nietzsche, en su “eterno retorno”: enfermo/a llega a clínica, se desprecia el caso, solución-no solución, parada, casi-solución, paciente que casi fallece, inspiración divina, “soy-el-puto-amo,-soy-el-doctor-House”.

Esto tiene que ser así, pero no por ello podemos dejar de apreciar una serie de circunstancias que se  han dado a lo largo de esta quinta temporada: las relaciones Trece/Foreman y Cameron/Chase (personajes que recuperan protagonismo a medida que avanza la temporada), las dudas de Taub, los encuentros y desencuentros con Wilson, House y las drogas (llega hasta la metadona, ¡atiende!), Cuddy y su maternidad han sido elementos con los que se han ido sazonando este quinto año de nuestro querido doctor. Tambíén hemos visto que se ha puesto un énfasis mayor en el aspecto religioso, en el episodio del cura-borracho-puteado-amargado y otros. Y algunos experimentos audiovisuales, como ocurrió en el capítulo 19 (Locked In), rodado una gran parte en plano subjetivo, desde los ojos de un paciente que no se puede mover (dirigido por Daniel Attias, al que conocí gracias a Six Feet Under, aunque también hay que mencionar que fue el director del episodio Numbers, en el que se “revelaba” el significado del 4-8-15-16-23-42 de Lost por primera vez).

Sin embargo, todo queda en un segundo plano, lo que hace realmente sobrecogedora esta quinta temporada es lo que sucede en el episodio 20 (Simple Explanation). El suicidio de Kutner (encarnado por el actor Kal Penn, quien abandonaba la serie para formar parte del equipo de Obama) es absolutamente brutal, completamente desgarrador. Estúpido, imprevisible, cruel, descarnado. Aporta un giro dramático a la serie tan grande, que todavía no sé si valorarlo de una forma positiva o negativa (es como si Joan Manuel Serrat de repente cantara una canción heavy). El golpe es tan duro que te puedes pensar, por momentos, que estás viendo A dos metros bajo tierra en vez de House.

No sé si el repentino anuncio del actor provocó una reacción tan inesperada-dura (-¿vengativa?) por los creadores de la serie, pero el suicidio del doctor Kutner era tan poco previsible (quizás era tan equilibrado que por ahí se podía ver el error del círculo demasiado perfecto, pero eso no deja de ser más que una explicación “facilona” a posteriori) que su efecto se multiplica. Es una auténtica hostia en la cara. Un bofetón emocional. Desde el fallecimiento de Nate Fisher no recuerdo una muerte ficticia que me impactara de tal manera.

Esta tragedia desencadenará una serie de sucesos, que harán que el ritmo de los últimos episodios se acelere mediante la concatenación de sucesos… La boda precipitada Cameron/Chase (y esa subtrama que tan poca gracia me ha hecho del esperma), la reaparición “alucinante” de Amber, el “lío” de House y Cuddy… y, por fin, la locura de House. El racional doctor, por una vez, se ve superado por un acontecimiento al que no encuentra explicación, por un lado, y que no ha sido capaz de prever, por otro. Es la puesta en duda absoluta de su Don (tema recurrente en esta temporada: el miedo de House a estar perdiendo sus prodigiosas cualidades)… Es el viaje a la locura que llevará a House de camino a un psiquiátrico, cuando su lado derecho irracional acabe imponiéndose al lógico hemisferio izquierdo de su cerebro.

Todos somos humanos… Incluso el doctor House, aunque sólo sea por unos momentos.

Eslóganes que matan

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